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Las sonrisas relajan el rostro. Es la fiesta perfecta, la realización de todas las expectativas. El DJ va soltando su sonido progresivamente. Su nombre es Guy-J, retumba armoniosamente el drop sobre los muros sólidamente construidos de Vértigo. Una mente organizadora pensó en cómo rebotaría el sonido, en cómo nos inundaría, como si todo hubiese sido construido sólo para ese momento. Guy-J va subiendo el volumen, buscando ir hacia arriba. “Siempre la espiral debe ir hacia arriba”, eso parece estar diciendo su rostro impasible, sonriendo levemente sobre la tarima. La espiral sube paso a paso. Al inicio, cuando sólo éramos algunos fiebres, el predominaban los largos aullidos del sintetizador, los gemidos de alguna cantante susurrándole tiernamente a un micrófono en algún lejano estudio, la cadencia lounge de los comienzos pacíficos.

El inicio fue hace cuatro horas. Ahora la música retumba con todo su poder sobre las sólidas paredes, diseñadas para este momento. Abro mis ojos, las luces de colores se riegan sobre la fiesta, una linda morena me ve por un instante, y después sigue en su vaivén de sus caderas, su cuerpo se mueve como si estuviera siendo mecida por el sonido, totalmente desasida de la realidad, como un animal satisfecho.

El rostro del DJ se mantiene absolutamente inmóvil, sostenido por una tarima negra, llena de gente bailando. El video feed nos muestra figuras de geometría sagrada en constante evolución, siempre en movimiento. El beat me trae una paz infinita, vuelvo a ver a mis lados y veo las sonrisas de mis amigos, mientras van siguiendo la cadencia con los ojos cerrados. La música nos hace pensar en un mundo en donde todo es justo y bueno, en donde existe un orden hermoso e incomprensible.

Guy-J es de Israel. Su vida transcurre sobre tarimas, en estudios de grabación, entre un par de audífonos. Su mente está totalmente enfocada. Él canaliza una energía que sabe lo que está haciendo.

La perfección es un concepto filosófico imposible de alcanzar, nos dice muchas veces el mundo donde caminamos todos los días. Quién sabe la causa de esta falta de fe. En un concierto, en un fiestón como el de Guy-J, cada uno sólo busca dejarse fluir, buscamos un ritmo con fuerza suficiente para acallar nuestra mente, el bajo largo y profundo se sintoniza con nuestro latir, una dulce voz de mujer nos envuelve, cada decibel atraviesa cada una de nuestras células. En este momento, ¿qué otra perfección podría buscar?

Sonrío más fuerte, cierro mis ojos y dejo a mi cuerpo y a mi intuición tomar el control. Puedo bailar seguro de estar resonando con una vibra limpia, una vibra buscando subir la espiral. Movimiento ascendente, esa fue la presentación de Guy J by Nightlights en Club Vertigo.

Nota por Manuel Yglesias